Muy buenos días mi querida familia.
IV Domingo de Cuaresma.
Este domingo San Juan nos presenta la curación del ciego de nacimiento. Este relato es simbólico, como el de la Samaritana del domingo pasado y la resurrección de Lázaro del próximo. Es un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre. Agua, luz y vida elementos claves de la Vigilia Pascual.
Hay un rasgo que define a Jesús y configura toda su actuación: su voluntad de vivir en la verdad. Es sorprendente su decisión de vivir en la realidad, sin engañarse ni engañar a nadie. No es frecuente en la historia encontrarse con un hombre así. Jesús no solo dice la verdad. Cree en la verdad y la busca. Está convencido de que la verdad humaniza a todos.
Jesús invita a buscar la verdad. No habla como los fanáticos, que la imponen, o como aquellos que a base de repetir mentiras las convierten en verdades, ni como los funcionarios, que la «defienden» por obligación. Dice las cosas con absoluta sencillez y soberanía. Lo que dice y hace es claro y fácil de entender. La gente lo percibe enseguida. En contacto con Jesús, cada cual se encuentra consigo mismo y con lo mejor que hay en él. Jesús nos lleva a nuestra propia verdad.
Jesús nos habla de un Dios que quiere una vida digna para los más desgraciados e indefensos, hace creíble a un Dios cercano. Su palabra no es la de un farsante interesado por su propia causa. Tampoco la de un religioso piadoso en busca de su bienestar espiritual. Es la palabra de quien trae la verdad de Dios para quienes la quieran acoger.
Según el cuarto evangelio, Jesús dice: «Yo he venido a este mundo para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Es así. Cuando reconocemos nuestra ceguera y acogemos su evangelio, comenzamos a ver la verdad.
Esta verdad de Jesús debe manifestarse en nuestra forma de vivir, «como hijos de la luz»: con bondad, justicia, verdad.
Buona Domenica dell Signore. Dio con noi.

