Por Mario Luis Ramos Rocha
Aguascalientes, Ags. 7 de abril 2025.- Con más pena que gloria arrancaron las campañas de suspirantes a jueces y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en un proceso que promete derivar en un sonoro fracaso.
De entrada, los aspirantes son personas que en su gran mayoría se han desenvuelto en el ámbito meramente jurídico, fuera de los reflectores y a quienes ningún ciudadano conoce.
Por si fuera poco, los candidatos no pueden recibir financiamiento público o privado, pero aún si tienen su guardadito está prohibido contratar espacios en radio, televisión o medios digitales. Sí tienen permitido usar sus propias redes sociales para promocionarse, pero violarán la ley si ellos, sus cuates o alguna persona invierte un peso para pautar sus publicaciones.
Tampoco se les permite entregar utilitarios, esto es, paraguas, camisetas, plumas, pañoletas ni cualquier artículo de los que suelen reglarse por toneladas durante las campañas constitucionales. Ningún candidato o candidata puede hacer eventos con templetes, micrófonos o bocinas profesionales; no se pueden hacer rifas, sorteos o recibir donaciones. Tienen que usar sus vehículos particulares para trasladarse, los cuales no pueden estar rotulados y los integrantes de partidos o de cualquier nivel de gobierno tienen estrictamente prohibido mencionarlos siquiera.
Aún así, los votantes que se animen a formarse en las urnas, se encontrarán con boletas donde aparecen decenas o cientos de nombres, según sea el caso y no van a votar cruzando el nombre o logotipo como generalmente se hace, sino escribiendo a mano los números con los que el candidato de su preferencia haya sido marcado en la misma papeleta.
Todo un circo que no promete terminar bien.

