Por Mario Luis Ramos Rocha
Aguascalientes, Ags. 5 de junio 2025.- Era un secreto a voces: en el viejo sistema, el de la “democracia perfecta”, las elecciones se ganaban a base del “ratón loco”, la “operación tamal”, haciendo que los muertos “votaran” y hasta robándose las urnas en aquellos distritos donde sabían que el candidato oficial no las tenía todas consigo.
En el paroxismo de la mapachería electoral, la mente maquiavélica de Manuel Bartlett urdió en 1988 la “caída del sistema” de captura de votos. Cuando las computadoras se reactivaron, la información era otra.
A 37 años de distancia, durante la elección judicial del domingo anterior, Morena no necesitó ni al ratón loco, ni la operación tamal, ni el embarazo de urnas o hacer votar a los muertos. Haciendo gala de la desvergüenza que Manuel Barlett les enseñó en su paso por Morena, ese partido dio “acordeones” a sus huestes para que no se fueran equivocar de candidatos.
Y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación irán aquellos cuyos nombres estaban en esos acordeones.
El PRI y Morena tienen, además del mismo origen, un cinismo a ultranza que los lleva por el camino del diablo.

